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De Qué Forma Domesticar Un Caballo?

Domesticar un caballo: Por norma general, la fidelidad de un caballo depende en gran medida del género de entrenamiento o domestica que recibe.

Es mucho más agradable domesticar un caballo para que siga a su líder por respeto que por miedo.

Lee los siguientes consejos para que formes un vínculo de confianza sólido con tu caballo a medida que lo domesticas.

De qué forma domesticar un caballo

De qué forma domesticar un caballo

Gánate la confianza de tu caballo.

Es indispensable que formes una relación personal con tu caballo para que te ganes su confianza y puedas entrenarlo en el futuro.

Pasa tiempo con tu caballo todos y cada uno de los días.

Empieza estando cerca de él y acicálalo para que se conecten y formen un vínculo.

Trabaja alrededor de él en el pasto.

Dale tiempo para que se familiarice más contigo.

Conversa con él y conviértete en un líder apacible y sensato.

Los caballos son animales de presa, por lo que siempre y en todo momento están alerta.

Están al tanto de todos los cambios y se amedrentarán por cualquier movimiento repentino.

Si tienes un potro o bien un caballo demasiado menor de cuatro o 5 años, despreocúpate por montarlo y enfócate en desarrollar confianza por medio de un liderazgo y arreglado.

Debes invertir una cantidad significativa de tiempo en ganarte la confianza del caballo ya antes de empezar a entrenarlo.

Ten en muy cuenta tu seguridad.

Los caballos son animales muy fuertes, de ahí que pueden ocasionar mucho daño.

Conforme adiestres a tu caballo, debes velar por tu seguridad.

Párate en un punto en el que tu caballo pueda verte la mayoría del tiempo.

Si vas a aproximarte por delante, la derecha o bien detrás de él, mantén una mano sobre él de forma que pueda sentirte.

El punto ideal sobre el que puedes continuar parado es al lado izquierdo del caballo, hacia su cabeza, donde pueda verte y oírte de manera fácil.

Háblale a tu caballo cuando te encuentres fuera de su vista.

Así, le ayudarás a saber dónde te encuentras.

No andes por los puntos ciego del caballo.

Primero enfócate en desarrollar confianza.

Solo arrodíllate o bien ponte en cuclillas si estás seguro de que el caballo está habituado a la tarea que vas a realizar.

Trabaja solo en un paso para luego pasar al siguiente.

Domesticar  un caballo es un proceso lento.

Debes lograr que cada paso se vuelva de forma plena un hábito antes de pasar al siguiente.

Cuando entrenes a un caballo, cada concepto nuevo que introduzcas debe afianzar lo que termines de enseñarle.

Recuerda que debes hacer que tu caballo siempre y en toda circunstancia reaccione correctamente con el propósito de que responda con confianza.

Nunca te rindas.

Ciertos pasos pueden ser más sencillos que otros para el caballo.

Domesticarlo constituye un enorme compromiso.

Trata de concluir cada lección de forma exitosa.

Aun si solo avanzas un poco (por poner un ejemplo, si logras acercarle el cabestro a la cara).

No te enfurezcas con el caballo.

Nunca debes gritarle, golpearle, lanzarle cosas ni actuar de forma violenta.

Esto podría atemorizarlo y destruir toda la confianza que has ganado hasta ahora.

Si debes hablarle, hazlo de forma sosegada y con calma.
Si te desacata, corrígelo de manera apacible sin enseñar agresión.

No hay inconveniente si lo golpeas ligeramente en el hombro o bien las nalgas con una cuerda con la finalidad de corregir la ofensa.

Sin embargo, las “fallas” solo son una señal de que no has preparado verdaderamente a tu caballo para la labor.

Premia al caballo cuando aprenda algo de manera exitosa.

Como animal de presa, busca una liberación de tensión.

Por ello, dar ciertos pasos atrás o bien retirar un equipo que le asuste le demostrará al caballo que no precisa luchar para escaparse.

Reaccionará bien aun con más rapidez la próxima vez para lograr su liberación.

El refuerzo negativo sería una continuación de la presión o bien el incremento de esta.

Por servirnos de un ejemplo, intenta enseñarle a mudar contigo usando una cuerda guía.

Da un paso, pero no te proseguirá.

Luego da otro paso, mas prosigue sin moverse.

Ahora toma un poco la cuerda aumentando la presión hasta que camine.

Entonces, libera de manera inmediata la presión.

Pronto, aprenderá a pasear con un poco de presión para así eludir que ejerzas más.

Con el tiempo, se moverá apenas lo hagas.

Adiestrarlo para ponerle el cabestro

Haz que el caballo se acostumbre a tus manos.

Para conseguirlo, ponlas cerca de su cabeza, orejas y cuello.

Debes efectuarlo poco a poco.

Mantente al alcance de la vista del caballo para que no se alarme.

Acércate de manera lenta.

Si estiras el brazo demasiado veloz, el caballo puede tergiversar tu acción.

Sigue acercándote hasta que puedas tocarlo.

Asegúrate de soltarlo en el momento en que te permita un mayor contacto.

De este modo va a saber que tu tacto no lo lastimará y no precisará sacudirse de ti, pues te retirarás por tu cuenta.

Haz que el caballo se acostumbre al cabestro.

Primero, déjalo observar y olisquear el cabestro en tus manos.

Durante los primeros días, tan solo sostenlo cerca de él y deja que lo observe hasta que reconozca que no constituye un peligro.

Luego, colócale el cabestro lentamente sobre la nariz y la cabeza.

Al comienzo, debes dejarlo sin abrochar.

Cuando el caballo se acostumbre, puedes abrochar el cabestro detrás de las orejas.

Esto puede costarte múltiples intentos.

Ten paciencia y calma.

Trata de prosperar un tanto cada día.

Saca el cabestro tan pronto como lo tenga puesto con la finalidad de que no se ponga deseoso y te permita dejárselo con más sencillez la próxima vez.

Recuerda que debes enseñarle que estas cosas no son temibles, y aléjate de modo que no sienta la necesidad de luchar.

Muéstrale la rienda.

Empieza a mostrarle la rienda así como el cabestro.

Frótala por su cara con suavidad.

Trata de conseguir que el caballo abra la boca a fin de que la muerda.

Debes tener mucho cuidado al efectuar este procedimiento.

Añade la embocadura.

Aparte de ponerle el cabestro, debes hacer que se acostumbre a emplear la embocadura.

Debes introducir poquito a poco la embocadura en su boca.

Al principio, debes procurarlo durante unos pocos minutos.

Luego, debes dejarla en su boca por más tiempo.

Pone una capa de melaza sobre la embocadura mientras procuras introducirla en su boca a fin de que le resulte más agradable.

Colócale las piezas de las orejas.

Una vez que la embocadura se halle dentro de la boca del caballo sin que este se resista, colócale las piezas de las orejas.

Aún no ajustes las correas.

Avanza gradualmente hacia arriba para ajustar las correas.

Recuerda que debes dejar que el caballo se acostumbre a la sensación de la brida sobre su cabeza y orejas.

Enseñarle a trabajar con el ramal

Comprende cómo trabajar con el ramal.

Al emplear el ramal, puedes guiar al caballo cerca de un área mientras que lo entrenas.

Mientras que realizas este ejercicio, asegúrate de recorrer el círculo más grande que puedas.

Los círculos demasiado pequeños pueden herir las piernas, los ligamentos y los ligamentos del caballo.

Cerciórate de que tu círculo tenga un diámetro mínimo de 18 m (60 pies).

Cuando comiences a entrenar al caballo con el ramal, no lo hagas durante más de diez minutos en cada dirección.

Trata de prolongar las sesiones poco a poco, puesto que trabajar con la cuerda por periodos largos puede tensionar el cuerpo del animal.

Adiestra al caballo desde el suelo.

Antes de intentar montarlo, es esencial que ganes su confianza entrenándolo desde el suelo.

Coloca un ramal al cabestro del caballo.

No coloques el ramal a la embocadura.

Esto se debe a que tomarás sus dientes y le causarás dolor.

Si hieres su boca o lo incomodas, harás que el caballo se asuste con el ramal.

Mueve tu cuerpo junto con el caballo para que el ramal tenga un contacto estable.

El caballo por último admitirá este contacto y paseará en círculos para sostenerlo en lugar de empujarte y apartarse.

Trabaja con el ramal.

Este procedimiento está dirigido a consolidar tu liderazgo.

Debes trabajar con el caballo en un área pequeña.

Invierte por lo menos 1 hora al día entrenando al caballo con el ramal.

Usa el lenguaje corporal para guiarlo y hacer que acelere.

Debes hacer que aumente la velocidad e intensidad gradualmente hasta el momento en que el caballo pueda galopar por completo mientras que recibe tus señales.

Nunca debes tocar al caballo mientras trabajas con el ramal.

Debes darle todas y cada una de las señales a través de cambios en la energía y posiciones anatómicos o bien balanceando el extremo del ramal.

Este es un ejercicio que sirve para ganar su confianza.

Toda vez que el caballo haga lo que le pides, rompe el contacto visual y reduce la presión que estés ejercitando.

Entrena al caballo para que prosiga tus órdenes.

Enséñale a pasear apropiadamente junto a ti mientras lo guías con una cuerda.

Conforme el caballo se mueve en círculos a tu alrededor, es necesario que le enseñes comandos de voz.

Enséñale palabras como “alto”, “de pie”, “camina” y “atrás”.

Asegúrate de entrenarlo para que comprenda los comandos “alto” y “anda” ya antes que cualquier otra cosa.

Entonces, puedes introducir otros comandos más rápidos, como “trota”.

Procura emplear tu lenguaje anatómico en lugar de la voz.

Extiende los brazos o mira sobre su cabeza para señalarle que acelere.

Enséñale a respetar tu espacio.

Los caballos te pondrán a prueba mientras que los guías.

Pueden tratar de empujarte y sacarte de su espacio para probar que son los que mandan.

Debes reafirmarte como su líder.

Si el caballo se mueve muy cerca de ti, ejerce presión sobre sus costillas, a unos 30 cm (1 pie) tras el hombro.

Es de esta manera como el caballo líder disciplina a otro caballo dentro de la manada.

El caballo se moverá hacia un lado para darte espacio.

Enséñale a responder a la presión.

El caballo debe aprender a responder a la presión del cabestro.

Amarra la cuerda al cabestro.

Párate al lado derecho del caballo.

Hala la cuerda a la derecha para ejercer presión.

El caballo debe aprender a voltear la cabeza hacia ti cuando le des este comando.

Usa el refuerzo positivo de forma inmediata para liberar la presión.

También puedes pararte al lado derecho del caballo.

Hala la cuerda a la izquierda para ejercer presión.

Con esta orden, el caballo va a aprender a virar la cabeza cara ti.

Repítelo para voltear a la izquierda, haciendo lo mismo que para el derecho salvo halar en la dirección en donde estás.

Repite este procedimiento con el lado izquierdo.

Haz lo mismo cara delante y cara atrás ejercitando presión sobre el cabestro en la dirección correcta.

El caballo aprenderá a continuar la presión para librarse de ella.

Adiestrarlo para colocarle la montura

Muéstrale la montura.

Un caballo debe familiarizarse con el peso y el sonido de la montura en su espalda.

De la misma manera que con el cabestro y la embocadura, debes pasar ciertos días tratando de que el caballo se acostumbre al sonido, olor y aspecto de la montura.

Luego de que se acostumbre a verla, sujeta la montura por encima de su espinazo (sin tocar al caballo).

Coloca la almohadilla de la montura sobre el caballo.

Cuando se acostumbre a la montura, coloca la almohadilla sobre su lomo.

Déjalo sobre el caballo durante ciertos minutos.

Entonces, quítaselo.

Repite este procedimiento varias veces.

Hazlo en los dos lados para que el caballo se acostumbre.

Si el caballo se amedrenta mucho, más de lo controlable, quítale rápidamente la almohadilla de la montura y vuelve a una labor más familiar como frotarlo con una manta o guiarlo.

Coloca de forma lenta la montura sobre el caballo.

Acarícialo para sostenerlo distraído y asegúrate de suprimir la presión con rapidez.

Deja la montura encima del caballo durante unos minutos y después quítasela.

Realiza este procedimiento desde los dos lados del caballo.

Asegúrate de retirar los estribos y cueros mientras lo entrenas para ponerle la montura.

Abrocha la cincha sobre el caballo.

Efectúa este procedimiento muy poco a poco.

Debes ajustar la cincha poco a poco todos los días, especialmente si el caballo parece intranquilizarse.

Si parece estar demasiado atemorizado, detente y sigue intentando familiarizarlo con los arreos.

Cuando el caballo te deje ajustar la cincha hasta el final, inclínate suavemente sobre su lomo.

Haz que el caballo se acostumbre a los estribos.

Ahora que la montura está puesta y los estribos se encuentran cara abajo, debes trabajar con el ramal.

De este modo, el caballo se habituará a tener cosas a los lados (como las piernas).

Además de esto, debes colocar nuevamente los cueros sobre la montura.

Efectúa este procedimiento de forma lenta.

Debes introducir solo un factor nuevo al unísono.

Deja que el caballo se familiarice primero con un elemento antes de presentarle otro.

Pone la montura sobre el caballo y haz que trabaje con el ramal.

Si el caballo puede tener la montura puesta por periodos más largos, comienza a trabajar con el ramal en torno a un área pequeña.

Entrenarlo para montarlo

Prepara a tu caballo para que lo montes.

Hasta este punto, el caballo probablemente solo te haya visto a la altura (o por debajo) de sus ojos. Llévalo cerca al poste de una cerca.

Súbete al poste y párate a una altura que esté por encima de la cabeza del caballo.

Pone peso sobre el espinazo del caballo.

Empieza a inclinarte gradualmente sobre el caballo hasta que todo tu peso esté apoyado sobre su lomo.

Cuando el caballo admita esto, libera la presión y acarícialo en el cuello.

Súbete al lomo del caballo.

Coloca lenta y suavemente el pie izquierdo sobre el estribo e inclina tu peso hacia él.

Libera la presión con frecuencia hasta que el cabello deje de sentirse incómodo.

Balancea la pierna derecha sobre el espinazo del caballo y libera la presión hasta que se siente a gusto contigo encima.

Acércate a él de forma lenta dando solo unos cuantos pasos y usando las señales verbales.

Todavía no emplees las riendas.

Detenlo con las señales verbales y desmonta.

Comienza a sostener las riendas mientras te quedas quieto y suéltalas.

Luego sujétalas nuevamente mientras te desplazas.

Ahora puedes empezar a usar las bridas.

Paséalo en círculos alrededor del redil como de costumbre, mas comienza a levantar las riendas mientras que das la vuelta.

Luego haz lo mismo del revés.

Si lo has hecho apropiadamente, el caballo deberá saber cómo mudar de dirección en el círculo.

Prosigue aplicando la presión habitual mientras lo haces dar vueltas hasta el momento en que mire cara el centro del corral.

Entonces libera la presión y acaricia su cuello.

Hazlo hasta que puedas darle la vuelta y paséalo en la otra dirección sin detenerte.

Aumenta de manera lenta el tiempo que continúas sobre la montura.

Practica durante varias semanas o meses.

No intentes aumentar la velocidad hasta que tu caballo se encuentre plenamente cómodo contigo mientras pasean.

Lo más probable es que tenga que pasar 1 año o más antes que puedas trotar y galopar con tu caballo.

No apresures el proceso, o bien tu caballo podría volverse miedoso de ti debido a que eres impredecible o bien le demandas demasiado.

Consejos

Usa comandos que incluyan una sola palabra.

Utiliza exactamente la misma palabra siempre para que no lo confundas.

Calma al caballo si sus oídos se voltean o si muestra señales de temor.

Cada caballo reacciona de manera diferente a la duración de la sesión de adiestramiento que puede tolerar con éxito.

Aprende la señal que transmite tu caballo para hacerte saber que está agotado.

Antes de procurar una nueva tarea durante el adiestramiento, practica o bien repasa las labores que el caballo ya ha aprendido para consolidarlas.

Siempre y en toda circunstancia debes realizar ejercicios de calentamiento y enfriamiento con tu caballo ya antes y después de las sesiones de adiestramiento.

Si tu caballo semeja estar atemorizado a lo largo de un ejercicio nuevo, cálmalo, efectúa otros ejercicios con los que se sienta más cómodo y también inténtalo de nuevo más tarde.

Ya antes de montar el caballo, brinca junto a él para que no se asuste cuando te subas a su lomo.

Tras hacerlo, acaricia la montura dos veces para indicarle lo que está a punto de acontecer.

Hazle saber al animal quién es el líder.

Si te ataca, no te detengas, ya que, si lo haces, harás que el caballo crea que puede salirse con la suya.

Debes comprender que es poquísimo probable que logres domesticar un caballo si jamás ya antes lo has hecho.

Es mejor que procures un entrenador profesional y no te arriesgues a que el caballo te derribe y te mate.

Ten en cuenta que, aunque un entrenador puede enseñarle a tu caballo qué aguardar, no va a poder mostrarle qué aguardar de ti.

Después de que lo envíe hacia ti, podría reaccionar bien hacia ti, pero si no tienes confianza ni sabes cómo mantener su respeto, el caballo lo va a saber y dejará de escucharte.

Es mejor adiestrarlo por tu cuenta aun cuando lo hagas poco a poco, pues así te cerciorarás de que haya aprendido y confiará en ti merced a que le has enseñado cada paso.

Va a estar condicionado a verte para sentirte tranquilo ante cualquier situación nueva.

Advertencias
Mantén un estado anímico estable y comprueba tu lenguaje corporal.

Si el caballo aplana sus orejas o bien azota sus patas delanteras sin encabritarse, debes aliviarlo.

Dale un descanso.

Quizá solo esté cansado, irritado, asustado o confundido.

Recuerda que solo precisas tiempo, no fuerza.

Ten cuidado con los caballos que tienen las orejas con broches.

El broche es una cosa que los caballos usan en sus orejas para hacer que estas se orienten hacia atrás, lo que significa que no van a escuchar a lo que está detrás de ellos.

Un caballo que emplea broches en las orejas se sentirá frustrado y estará listo para morder o asustar a alguien, así sea a ti o bien a otro caballo.

Los caballos reciben señales del estado emocional y lenguaje anatómico de la persona.

Si estás tenso y deseoso, el caballo también lo estará.

Esto se aplica singularmente si eres el líder de manera firme establecido.

Tras todo, si el líder tiene miedo, ¿por qué razón no lo estaría el caballo?
Un caballo recién nacido debe continuar con la madre a lo largo de los primeros tres a 4 días, puesto que necesitará un tiempo para establecer un vínculo con ella y que esta le enseñe a proseguirla.

A lo largo de esta etapa, no es necesario el contacto humano, salvo para asegurarte de que esté respirando, de que se haya puesto de pie en el trascurso de 6 horas y de que tome leche en las doce horas.

Tanto la mamá como el hijo deben tener acceso a los pastizales tan pronto después del nacimiento de modo tal que la madre pueda pastar con la finalidad de mantener su fuerza y enseñarle al potro a proseguirla ya antes de encontrarse con el resto miembros de la manada.

Despreocúpate, puesto que va a poder controlar a su hijo y lo presentará a los demás en el trascurso de 3 a 6 días.

Un momento especial es cuando la potranca te presenta a su potrillo porque está orgullosa y desea compartirlo contigo.

Ya antes del primer año, los potros no van a estar listos para un entrenamiento con un equipo que no sea un cepillo y un peine.

Deben aprender modales, la presión y liberación, como la comunicación de su manada antes de que los humanos puedan intentar algo más aparte del cepillado, las caricias y la nutrición.

Biológicamente, no se debe montar un caballo antes de los 3 años, ya que hacerlo tensará sus músculos y columna vertebral.

Si lo haces con demasiada frecuencia o ejerces demasiado peso, puedes provocarle complicaciones musculares y deformación en los huesos.

Va a ser mucho más seguro que comiences a acariciarlo y adiestrarlo con el cabestro desde el año de edad, con las riendas a la de edad de 2, a guiarlo a la edad de tres y a montarlo a partir de los tres años y medio o bien cuatro.

No existe peligro de causarle daño físico.

También, dale bastante tiempo para realizar trucos entretenidos y se vincule a ti, permítele tomar el control de sus patas y aprender su papel en la manada.

Esto le brindará una base sólida para un aprendizaje futuro.

También recuerda que los caballos utilizan el lenguaje anatómico.

Familiarízate con la activa de la manada.

El caballo inferior se someterá a los miembros más altos de la manada al acercarse de forma cuidadosa y alejándose de su camino.

Un miembro más superior esperará esta sumisión de los caballos inferiores.

En general, las personas acaban lastimadas debido a que no conocen las señales.

El caballo va a tener broches en las orejas, agitará la cola, virará la espalda e inclusive paseará hacia ella en pos de elasticidad.

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